Agencia de Noticias Hawzah - Sayed Murtada Al-Kashmiri describió el Ramadán como algo más que una ocasión pasajera, calificándolo como una oportunidad renovada y un programa integral de autorreforma que solo puede tener éxito mediante una recepción adecuada, marcada por la conciencia, el arrepentimiento, la disciplina y la acción sincera.
Afirmó que quien acoja el Ramadán con este espíritu lo dejará con un corazón transformado, un alma elevada y prioridades redefinidas. La verdadera preparación, explicó, comienza por comprender el elevado estatus de este mes ante Dios y reconocerlo como el mes elegido para la revelación del Sagrado Corán.
Al-Kashmiri enfatizó que el ayuno no es meramente una abstinencia física, sino un camino hacia la obtención de la piedad (taqwa). Instó a los creyentes a reflexionar profundamente: ¿Qué busco cambiar en mí mismo durante este mes? ¿Qué nivel de piedad espero alcanzar?
Entre los pasos más importantes para prepararse para el Ramadán, señaló, se encuentran el arrepentimiento sincero y la purificación del corazón. Un corazón cargado de pecado, advirtió, no puede beneficiarse de la luz espiritual de este mes. Por lo tanto, los creyentes deben entrar en el Ramadán con corazones libres de rencores, llenos de remordimiento por las faltas pasadas y firmemente resueltos a reformarse.
También destacó la importancia de la preparación mental: entrenar al alma para abrazar la obediencia, reducir el apego a las preocupaciones materiales, guardar las propias palabras, limitar las distracciones y cultivar el recuerdo y la súplica antes de que comience el Ramadán.
Citando un conocido hadiz, advirtió que quien entre en el Ramadán cautivo de sus hábitos personales podría abandonarlo sin cambios: "Puede que alguien que ayuna no obtenga de su ayuno más que hambre y sed, y puede que alguien que reza por la noche no obtenga más que insomnio y fatiga".
El clérigo subrayó además la necesidad de una preparación práctica y devocional, incluyendo el fortalecimiento de la relación con el Sagrado Corán. Los actos de bondad, como mantener los lazos familiares, apoyar a las viudas y los huérfanos, y extender la generosidad a los necesitados, son también expresiones clave para acoger el bendito mes.
Concluyó recordando a los creyentes que el verdadero ayuno implica a todas las partes del cuerpo: la lengua debe abstenerse de la maledicencia y la falsedad, los ojos de las miradas prohibidas y el corazón de la envidia y la arrogancia.
"Aprovechemos esta preciosa oportunidad", dijo, "para profundizar nuestra comprensión de los valores islámicos auténticos, fortalecer la cultura de los derechos y responsabilidades, y refinar nuestro carácter y conducta, de modo que podamos verdaderamente llegar a ser de los temerosos de Dios que Le temen en privado y en público, y que tratan a los demás de una manera que Le complace. Al hacerlo, realizamos el noble propósito del ayuno".
Fuente: Agencia Karbala Now
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